Cómo llegó a mis manos la Casio PB-1000

Haré una pausa en la historia para contar cómo llegó la calculadora a mis manos.

Cuando mi madre me regaló esa calculadora, lo hizo como recomendación de un primo que estudiaba Ingeniería y que ya poseía una. La recibí un poco extrañado ya que hasta el año anterior mis regalos predilectos de cumpleaños/navidad eran las figuras de los transformers o G.I.Joe, así que tomé la caja envuelta a la perfección en papel de regalo pensando que era el Optimus Prime; la abrí y vi que adentro había un aparato plateado rectangular protegido en sus esquinas por dos moldes bien ajustados de icopor y a su lado dos libros que leían en sus títulos: “Manual del propietario” y “Mandos y Sentencias”.

 

Después de buscar baterías y encenderla, me di cuenta que con ella, no se podía hacer absolutamente nada que pudiera interesar a un chico de mi edad, entonces la guardé con cuidado y fue a dar al anaquel de mis libros.

Tal vez un año después, la tecnología despertaba gran curiosidad en mi, era la época de programas de TV como McGyver, el Hechicero, automan y tantos otros que se apoyaban en conocimientos y tecnología para superar obstáculos, así que recordé ese aparato que había recibido y mi curiosidad se transformó en decisión, descubrir qué podía hacer con ese él.

Al leer el primero de los libros, “manual del propietario”/“owner’s manual” encontré que este dispositivo tenía unas características interesantes, primero que todo, podía programarse en 2 lenguajes diferentes,

  • Basic C61
  • Assembler HD61700

Aún no sabía que era eso, pero había tomado nota mental del asunto.

  

Además, la Casio PB1000 tenía una pantalla táctil, espera… hablamos de un aparato construido en 1987, ¿podía usar la pantalla para interactuar con el aparato? Wow, alguna cosa debía poder hacer con eso, otra nota mental tomada.

Otros datos que tampoco tenían mucho sentido para mi hablaba de que tenía 8Kb de memoria útil y otras pavadas técnicas que ni me molesté en entender o memorizar.

El libro mencionaba que la calculadora tenía otros aparatos que se podían conectar y mejorar sus prestaciones, me recordó un capítulo de Mazinger cuando éste quería volar y le enviaban unas alas que se adherían en su espalda. Se trataba de una memoria de expansión hasta 32Kb, una unidad de disquetes, una unidad de cintas magnéticas y dos impresoras, una de puntos (la última guaracha hasta ese momento) y una plotter, ¿Plotter? ¿Qué rayos es eso?.

Una vez terminé de leer el manual del propietario entendí que si quería que mi calculadora hiciese algo, debía aprender a  programar, así que tomé el más robusto “Mandos y Sentencias” y ahí comenzó una enriquecedora aventura que aún hoy no termina.

Es el mejor manual de referencia para aprendizaje de lenguajes de programación que he visto, en toda mi vida y hay que ver que he leído muchos manuales de diferentes lenguajes.

Simple pero elegante, ordenado alfabéticamente por el nombre del comando, una descripción de lo que hace, guía sintáctica para su uso, comandos relacionados con él y ejemplos de uso, básicamente 1 página por comando.

Este fue mi inicio en el mundo de la programación, un mundo que capturó mi imaginación y que me llevó a aprender e “inventar” cosas que otros también estaban haciendo en otras partes del mundo, sólo que -aislado en Colombia- aún no lo sabía.

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